Total War Attila

Total War Attila

El Total War más oscuro, detallado… y convulso

Total War: Attila es un juego de estrategia que combina dos subgéneros: la estrategia en tiempo real y la estrategia por turnos. Controlarás a facciones como los Hunos o los Romanos en pleno siglo V, después de la caída del Imperio Romano. Deberás demostrar tu pericia tanto en los combates como en la gestión de tu facción durante los obstáculos naturales e intrigas políticas a sortear.  Ver descripción completa

PROS

  • La intriga política
  • Sobrevivir a la pre-Edad Media
  • Las batallas en tiempo real
  • Los detalles a nivel gráfico

CONTRAS

  • Interfaz convulsa
  • Demasiada microgestión

Muy bueno
8

Total War: Attila es un juego de estrategia que combina dos subgéneros: la estrategia en tiempo real y la estrategia por turnos. Controlarás a facciones como los Hunos o los Romanos en pleno siglo V, después de la caída del Imperio Romano. Deberás demostrar tu pericia tanto en los combates como en la gestión de tu facción durante los obstáculos naturales e intrigas políticas a sortear. 

Juego de Tronos pre-Edad Media

Después de la Caída del Imperio Romano, el mundo se vio abocado al caos, la violencia y la desolación. Tu misión en Total War: Attila es por lo tanto seleccionar a una tribu y sobrevivir durante esta época imprevisible. ¿Parece fácil? No lo es.

Total War: Attila se divide en dos secciones. La parte de estrategia por turnos quiere recrear la sociedad pre-Edad Media, antes de la época de Oscurantismo. Por un lado tienes los típicos elementos del género como la investigación de tecnologías, la gestión de unidades militares, la actualización de edificios clave de la ciudad… Pero por otro lado aparece un nuevo elemento al mundo Total War: la intriga política.

En Attila encarnas a un rey rodeado de toda una red de consejeros y de sus mujeres (mucho más importantes de lo que parecen). ¿A quién escucharás? Y lo más importante: ¿cómo te ganarás su confianza? Fracasa en tu último intento de invadir al pueblo vecino y tus consejeros empezarán a perder la fe en ti. Ve perdiendo poder y los conflictos internos serán irremediables.

Los problemas que debes sortear son típicos de la época: plagas, mal tiempo, guerreros nómadas, intrigas palaciegas o crisis con tus vecinos…

Total War: Attila consigue transmitir la intriga de la política con acierto y además la adapta muy bien al mundo de la estrategia. Cada decisión que tomas se traduce en una nueva estadística o en una alteración de los datos ya existentes. La cantidad de datos apasionará al fan de la estrategia mientras que los demás se lo pasarán bien con la trama orgánica que se va creando.

Ahora bien, llega un momento en el que la microgestión de Attila acaba agotando y ralentizando las partidas. Existen demasiadas variables a tener en cuenta y subsistemas dentro de subsistemas que, sinceramente, todavía no sabemos cómo funcionan. En este sentido este Total War debería haberse simplificado más.

La segunda parte de Attila son sus combates a gran escala en tiempo real. El nivel de espectáculo y realismo de los Total War vuelve a superarse en esta entrega. No puedes evitar entrar en pánico cuando ves que tu plan no ha salido como esperabas. También gritarás de alegría cuando consigas darle la vuelta a una situación peliaguda.

Te sientes emocionalmente vinculado al destino de tus hombres porque su victoria o derrota dependerá de ti. Tú eres el que decide cómo actuar de entre todas las variables a tu disposición: ¿flanquearás al enemigo o atacarás de frente? ¿Te has fijado en la mejor forma de actuar en este terreno? ¿Sabes cómo animar a tus tropas cuando están en desventaja numérica? Al contrario que en la sección de estrategia por turnos, los combates parecen complejos pero acabas aprendiendo a actuar correctamente.

Realismo complejo

The Creative Assembly ha simplificado todavía más la interfaz de sus Total War en esta entrega para facilitarnos la vida… Y aun así es insuficiente. Los menús siguen siendo demasiado confusos y eso es un problema porque necesitas dominarlos para vencer, especialmente en la parte de las tramas políticas.

Por otra parte las pausas entre turnos, en las que Total War: Attila recalcula los movimientos del enemigo según los últimos datos, se alargan a veces demasiado, rompiendo el ritmo de la partida.

El apartado gráfico en general asombra y deleita. El nivel de detalle parece insuperable. Por ejemplo, ahora las ciudades muestran su “daño” en tiempo real durante un asedio. Las batallas navales, mientras tanto, representan muy bien el caos que se produce en alta mar.

Y luego está el zoom: es una delicia acercarte a la batalla y ver diferentes partes de la misma. Es en ese momento cuando te das cuenta de las mil y una historias dramáticas que tienen lugar en una escaramuza aparentemente simple.

Emoción no apta para todos

Total War: Attila no es un juego para todos los públicos aunque una vez más su creadora haya intentado simplificar su esencia. Sobre todo lo decimos por la gestión de la estrategia por turnos. Perderás muchas veces antes de aprender a controlarlo todo y seguirás perdiendo horas después de creer que lo sabías todo.

En ocasiones las rabietas que tendrás son por culpa del juego: hay DEMASIADO a tener en cuenta y la interfaz no ayuda, pese a los esfuerzos pos simplificarla.

¿Tienes paciencia y te gusta controlarlo todo, batallas incluidas? Entonces descarga este juego sin pensarlo. Es casi como un Total War: Rome 3 más centrado en tramas políticas y en la dureza de la época en la que transcurre. Créenos: te quedarás más enganchado a las historias que tú crearás que a cualquier serie histórica de televisión del momento.

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